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Anti-anticomunismo por José Javier Reyes

Fe de ratas columna por José Javier Reyes
Lunes 06:53 pm, 29 Jun 2020.
José Javier Reyes
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Anti-anticomunismo por José Javier Reyes

Una vez abierta la puerta de la revocación de mandato, era inevitable que ciertas figuras se hicieran notar con sus demandas de deponer al presidente Andrés Manuel López Obrador antes de tiempo. Fue el mandatario quien propuso el referéndum para determinar si debe o no continuar su mandato. El senado determinó que sería a principios de 2022, pero el propio AMLO manejó la posibilidad de adelantar esta consulta para empatarla con las elecciones federales intermedias de 2021. Parece ser una maniobra que salió mal, pues al realizarse una serie de protestas de automovilistas en su contra, se autocorrigió y les pidió a sus detractores que “no coman ansias”.

Evidentemente se trata de un cálculo alegre y exagerado. La idea, según señaló la oposición, era replicar el “efecto Peje”, que generó el triunfo inesperado de muchos candidatos que no parecían tener las preferencias electorales de su lado. Utilizar el capital político del presidente que obtuvo la mayor votación de la historia era una tentación irresistible.

Pero hoy el panorama es diferente. Aunque las encuestadoras difieren en cuanto a los porcentajes de aprobación y de rechazo a la gestión del presidente, sí coinciden en que hay un descenso evidente. Tras la pandemia, problemas económicos y de seguridad, la reedición del “efecto Peje” es un hecho menos probable.

Porque es evidente que sí existen sectores de la población y particularmente entre ciertos empresarios, que claramente piden la salida de AMLO. Pero aquí lo criticable es la forma que, como decía Reyes Heroles, en política es fondo.

Y eso tiene que ver con el activismo del empresario neoleonés Gilberto Lozano, quien apareció en una fotografía con lo que parece ser la cabeza de López Obrador en una charola plateada. Ha solicitado a la Séptima zona militar, ubicada en Escobedo, Nuevo León, que dé un golpe de estado contra el presidente. Por estas acciones ha sido acusado de “llamar al magnicidio y a la sedición”.

Su “estrategia” consiste en hacer manifestaciones de automovilistas, que van de algunos cientos a varios miles, quienes piden la salida de AMLO con pancartas. Y aquí está el otro problema: regresando a los años sesentas, una de las consignas con las que pretende movilizar a la sociedad es acusar al presidente de “comunista-socialista”, lo que signifique para este grupo dicho término.

Pero lo cierto es que no existe ningún indicio de que López Obrador pretenda instaurar un régimen “chavista”. El país ha firmado un nuevo tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá y se mantiene dentro de una economía de mercado. Sacar del sarcófago el fantasma del comunismo es algo que sólo podría movilizar a los grupos más conservadores.

Porque si bien los regímenes populistas siempre fueron calificados de “comunistas” (los casos más recordados serían los de Echeverría y López Portillo) lo cierto es que la 4T no tiene en su agenda estatizar la economía ni implantar una dictadura, si es que a eso se refieren los antiAMLO. En cambio, sí vivimos en México los estragos de la paranoia anticomunista, que terminó en un baño de sangre el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco. Y la violencia guerrillera que se sufrió durante los años setentas y ochentas no acabó con una asonada ni con la destrucción de los grupos subversivos, sino con la apertura democrática.

En un régimen democrático, se puede estar en contra de AMLO, por supuesto; no se puede estar en favor de la intolerancia, la violencia y utilizar la mentira para asustar a la sociedad.

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