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Violencia de género y confinamiento primera parte

Desde la Sociología columna por Lic. Ela, Psi. Adriana Serratos Rodríguez
Domingo 09:51 am, 10 May 2020.
Lic. Ela, Psi. Adriana Serratos Rodríguez
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Violencia de género y confinamiento primera parte

¡NO SOY TUYA!

El 8 de marzo se realizó la marcha más importante en la historia de México y de las mujeres, cientos de miles de nosotras salimos a hacer una sola petición: ¡Queremos vivir libres de violencia!

Ante los múltiples feminicidios, que proliferaron en el periodo del mandato de Felipe Calderón, así como las desapariciones, trata de mujeres, pederastia, violaciones y la violencia dentro del hogar, las autoridades locales y federales no han hecho lo suficiente. Por este motivo las mujeres hemos decidido denunciar los hechos y hemos tomado nuestras propias acciones con el fin de visibilizar nuestra realidad.

El patriarcado, ahora en manos del Estado que dirige el presidente Andrés Manuel López Obrador, ha desdeñado escucharnos y, por lo tanto, ha minimizado la violencia de género, misma que aumentó exponencialmente en los primeros meses de este año.

El 9 de marzo, en vísperas de la entrada de la epidemia a nuestro país, se realizó el paro nacional de mujeres, obteniendo en muchos casos, el despertar de la consciencia sobre el patriarcado, no así la conciencia de los gobiernos que además se montaron -en un intento de ser “buena onda”- “permitiendo” a sus empleadas ausentarse de sus lugares de trabajo o solicitando a las dependencias de gobierno, que no se les descontara el día. A pesar de ello, el movimiento feminista se hizo presente y más fuerte que nunca. Sin embargo, el número de víctimas, siguió incrementándose gravemente, alcanzando una cifra alarmante de 11 mujeres asesinadas diariamente, es decir; 960 mujeres en el primer trimestre del año; siendo Veracruz y el Estado de México, las entidades más violentas.

El confinamiento

A principios de marzo, comenzó la primera fase de la epidemia en nuestro país. Desde entonces, los grupos feministas y mujeres feministas, advertimos que, no sólo se iba a afectar la vida económica de muchas mujeres, sino que también era exponerlas a un riesgo muy alto al confinarlas con sus agresores. Días después de ser declarada la fase 1 de la epidemia, los albergues para mujeres se hicieron necesarios para escapar del maltrato. El gobierno federal hizo caso omiso a esta demanda, sin tomar en cuenta que se requieren más espacios seguros, para evitar lo inevitable. Durante este periodo, los albergues han sido insuficientes y además abandonados a su suerte, puesto que no cuentan con apoyo económico del erario. Hasta ahora, estas condiciones se enfrentan en la orfandad. ¿Cuántas mujeres están en casa? Millones. Todas están sufriendo diferentes tipos de violencia, todas están esperando que los gobiernos, locales y federal les proporcionen protección, protección que no es una limosna, es un derecho; la Ley general de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia ha sido, hasta este momento, letra muerta. Las fiscalías insisten en mantener una posición cómoda y económica ante esta situación. La perspectiva de género, para este sector del gobierno, al igual que para las policías, es palabra llana, es inacción, es invisible.

Los números no se hacen esperar, al día de hoy la cifra es pandémica y letal (se niegan a verlo así). Al primer trimestre de este año hay 960 mujeres asesinadas, también, se han realizado 67,081 llamadas al 911, todas pidiendo auxilio por causa de violencia en la familia, sin embargo, al 90% se les ha negado el apoyo. Lo anterior, es sin tomar en cuenta que existen miles de mujeres que no pueden hacer uso o no tienen acceso a internet, telefonía, o cualquier otro medio de apoyo para salvaguardar su integridad física, económica, sexual, psicológica y lo peor es, que seguramente se convertirán en cifra de feminicidio.

A lo largo de este confinamiento también se han desatado las agresiones al personal de salud: enfermeras, doctoras, etc., toda aquella que porte el uniforme de las instituciones de salud, se han puesto en la mira de la ignorancia, del odio. Los niños y niñas están a merced de sus violadores, los embarazos no deseados están invisibles y sin atención, las mujeres indígenas no corren con diferente suerte. No hay día que no se encuentre una mujer asesinada en las calles, o bien, golpeada por su pareja o expareja, no hay día en que no haya una mujer desaparecida, una niña o niño golpeados o violados. El confinamiento no los ha detenido, lo ha incrementado.

Contrario a lo que uno pudiera imaginar, la familia resulta ser la institución social más violenta, en donde la agresión incluso queda invisible a los ojos de la sociedad por tratarse de un núcleo privado, dicha afirmación resulta paradójica, pues se supone que dicho núcleo, debería ser un refugio para todas las personas.

En el caso de México, la violencia es un acto de poder para dominar, someter, controlar y agredir a través de la palabra y como un efecto psicoemocional, sexual o físico. Hay que puntualizar que hay tres factores principales que desencadenan la violencia familiar y son: asimetrías de edad, las capacidades y el género. Las personas adultas mayores y los menores de edad son los más violentados. Hay casos de menores de edad en los que legalmente pareciera que no existe violencia grave, pero la realidad es que los y las pequeñas guardan silencio, porque están amenazados o porque ya se murieron, pero sin que se sepa la causa. Esta misma circunstancia aplica para el caso de las mujeres.

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