Fe de ratas columna por José Javier Reyes
¿Por qué resulta importante el nuevo gafe del gobernador de Puebla, Luis Miguel Barbosa Huerta, quien afirmó que “los pobres somos inmunes” al coronavirus? Sobre todo, si consideramos que no es el primero ni el más grande. Ni por suponer que existe un virus vengador que tiene la capacidad de reconocer a las personas por sus ingresos o su posición socioeconómica. Menos aún por el hecho de que no quiera aclarar estas declaraciones, lo que es más que comprensible.
Lo que hace tan desafortunada esta declaración es el personaje: el gobernador de un estado no puede estar tan desinformado o jugar este tipo de bromas, si eso era. Pudiera ser, dado que, en son de relajo, dijo también que la vacuna contra el COVID-19 era un buen plato de mole de guajolote. Pero un manejo ligero es imperdonable, sobre todo cuando ya hay tres gobernadores mexicanos infectados: Omar Fayad, de Hidalgo; Adán López, de Tabasco; y, Francisco Domínguez, de Querétaro.
Si bien se han manejado listas de famosos afectados por el COVID-19, lo cierto es que nadie lleva un registro de cuál es el ingreso económico de las personas contagiadas por el virus. Que aparezcan entre las víctimas personalidades como la actriz italiana Lucía Bosé, madre de Miguel Bosé, el expresidente del Real Madrid, Lorenzo Sanz, el actor Mark Blum o el compositor de rock Alan Merrill, puede inducir a errores. Si tuviéramos una lista de todos los infectados veríamos una enorme mayoría de personas de a pie. Como en cualquier enfermedad.
Otra cosa poco creíble es que el gobernador tampoco tenga claro cuáles son los parámetros que se aplican para determinar si una persona es pobre o no. Con dos casas en la ciudad de México y tres edificaciones en su natal Tehuacán, más algunas cuentas bancarias y cuatro vehículos, está lejos de esa categoría. Hemos de creer entonces que era una broma. Una broma cruel, si consideramos que la capital poblana es la segunda ciudad con mayor número de pobres del país, con 700 mil habitantes pobres, de un total cercano al millón y medio.
Pero si manejo de la información ha sido erróneo, el manejo de la enfermedad ha sido desastroso. Recordemos que el propio presidente Andrés Manuel López Obrador pidió a los ciudadanos que salieran a la calle, al tiempo en que seguí repartiendo generosamente abrazos y selfies. O que el subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, Hugo López-Gatell, con su enigmática afirmación de que “la fuerza del Presidente es moral, no es una fuerza de contagio” y que “casi sería mejor que padeciera coronavirus porque él, en lo individual, se va a recuperar espontáneamente y va a quedar inmune”. No sabemos si el presidente tiene una constitución genética especial o el virus sabe distinguir entre los impulsores de la 4 T y la “mafia del poder”.
Lo que demuestran estas declaraciones es una constante en el manejo de esta crisis: la ignorancia y el descuido en el manejo de la información por parte de las autoridades responsables. Un descuido imperdonable.