La caída complica las perspectivas de Pemex, atascada en una crisis de producción y deuda, y amenaza la sostenibilidad de las finanzas públicas
Las turbulencias en los mercados financieros encuentran a México debilitado y a medio vestir. La reducción de los precios del petróleo amenaza con agravar el estancamiento de la segunda economía latinoamericana, cuyo PIB cayó un 0,1% en 2019, y abrir un boquete en sus finanzas públicas, que dependen en parte de su producción de hidrocarburos. Este lunes la Bolsa mexicana ha caído más del 6%, la peor jornada desde la crisis financiera de 2008; el peso se ha depreciado en torno a 5% hasta las 21 unidades por dólar, la peor cifra en tres años; y la mezcla de crudo mexicano se ha desplomado un 31% hasta los 24 dólares, su precio más bajo desde 2016. El desplome del mercado petrolero sacude al país en un momento crítico, una semana y media después de que la estatal Pemex reportara pérdidas de 18.000 millones de dólares en 2019 por la disminución de las ventas y de la producción de crudo.
Con esta jornada negra, la incertidumbre que pesa sobre la economía mexicana sube de peldaño. En 2019, la guerra comercial entre China y Estados Unidos, en el ámbito internacional, y los cambios de regulación promovidos por la Administración de Andrés Manuel López Obrador en mercados como el energético, provocaron un incremento del nerviosismo entre los inversionistas. La caída en el PIB y la fragilidad de Pemex marcaron el primer año de Gobierno. A eso se suma ahora la crisis del coronavirus, con siete casos en México, y sus coletazos, el batacazo en el precio del petróleo, un punto crítico para Pemex y los presupuestos del Gobierno mexicano, y del peso. El Banco de México y la Secretaría de Hacienda han ampliado este lunes el programa de subastas cambiarias de 20.000 millones de dólares a 30.000 para intentar mitigar la volatilidad de la moneda.
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