
A la senadora Ana Lilia Rivera, se le volvió a mover el piso con uno de esos tropiezos verbales que ya se le hicieron costumbre. La senadora decidió pararse frente a universitarios y declarar que vivimos en una “democracia simulada”; una puesta en escena, según sus propias palabras.
¿Hablamos de esa misma “simulación” que la ha llevado, elección tras elección, a vivir del erario público?
Porque no hablamos de una espectadora del sistema, sino de una protagonista de primera fila: Diputada local, senadora (y no una, sino dos veces). Si la democracia es teatro, como sugiere, entonces ella no ha sido víctima del montaje, sino una actriz recurrente de la mentira, que ha sabido mantenerse en el escenario con salario incluido. ¿Denuncia o confesión?
“El gobernador manda, los diputados obedecen y el poder judicial se arrastra”, un diagnóstico, que, curiosamente, también la incluye, porque si los diputados obedecen, ¿dónde queda su papel como legisladora? ¿Se excluye del rebaño o simplemente olvidó que también porta la investidura? Fue una cachetada propinada a sí misma. Qué opinarà la presidenta Claudia Sheinbaum, de las acusaciones que hace la senadora ante decenas de jóvenes.
No basta con señalar el escenario cuando se ha vivido siempre bajo sus reflectores, porque la democracia que la senadora califica como simulada es la misma que sin interrupciones la ha mantenido en el poder y de la que, por lo visto, aún no se sacia.
Y así con estas acciones de incongruencia, pretende ser la candidata de Morena a la gubernatura. Morena en su sano juicio llevaría como candidata a alguien que habla mal del partido, de sus representantes y de los malos gobiernos de morena. Sería darse un balazo en el pie.