Columna por J. A. Javier González Corona

El fútbol es un deporte donde se conjuga la ejercitación, disciplina, compañerismo, coordinación, valores y otros aspectos más; es un deporte completo y de gran popularidad que ha rebasado en preferencia a varios otros deportes de conjunto a nivel estatal, nacional e internacional. Para sus aficionados se ha convertido en un gusto, ilusión, pasión, fiesta, hasta llegar a la enajenación.
Su popularidad se debe a la poca inversión económica para su práctica, se puede jugar en cualquier parte y con una pelota elaborada con lo menos pensado: papel, plásticos, hilo, hule, coco u otro objeto; una o dos porterías representadas con piedras, ropa, palos, mochilas, puertas, ventanas, o simplemente pintadas. Se puede jugar en la calle, baldío, patio o jardín de la casa; alguna cancha de terracería o con pasto natural y a la fecha pasto artificial, etc.; sin importar que haya o no, un árbitro.
El antecedente del fútbol aquí en México es el “Juego de Pelota”, mismo que se practicó en la etapa prehispánica con gran aceptación, popularidad, ritualidad y simbolismo; más de 1500 canchas identificadas en diferentes estados de la actual República mexicana lo justifica. Para Erick Taladoire, “además de ser una práctica deportiva, el juego de pelota tenía un papel ritual, político y tal vez económico, lo que lo convierte en un elemento importante relacionado con el poder y con la historia misma de Mesoamérica” (Revista Arqueología mexicana No. 44).
Cuando se profesionalizó y principalmente cuando inició su comercialización se contaminó, llegando tal daño hasta el nivel amateur. En este último los pagos a ex profesionales o quienes destacan sin serlo, cobran por jugar, anotar un gol y si llegan a las finales del torneo, aumentan sus tarifas. Es decir, el fútbol amateur también conocido como “llanero”, está perdiendo su esencia como deporte y/o actividad lúdica, convirtiéndose en un negocio económico, tanto para algunos jugadores como para directivos.
Profesionalmente está peor, los propietarios de los equipos de primera división y de la selección nacional han monopolizado su accionar, sin importarles el mejorar la calidad deportiva nacional y su competitividad a nivel internacional. Para lograr su propósito, utilizan a los medios de comunicación (también de su propiedad) para inducir a los aficionados a llenar estadios; consumir bebidas y chatarras o estar al pendiente de los juegos por tv, donde consumen lo mismo o más que en el estadio.
Por su parte, los narradores y comentaristas deportivos de las diferentes televisoras tratan de hacer ver un “partidazo” mediante gritos y anécdotas, aunque el juego esté tan aburrido como otros. En su narración, no pierden tiempo en agradecer la visión e inversión de los empresarios por construir estadios y contratar “extraordinarios” jugadores extranjeros. Al fin sus jefes.
Es decir, el fútbol profesional en México y seguramente en muchos otros países del mundo, ha sido secuestrado por millonarios (se comprueba con los salarios y las cantidades estratosféricas con las que compran o venden a jugadores como cualquier mercancía). Sin embargo, a estas personas únicamente les interesa el fútbol como una inversión más, pues poseen otros negocios que les reditúan mayores dividendos: televisoras, cooperativas, hospitales, bancos, petroleras, transportes, etc.
Por tal motivo, su interés no se centra en darle oportunidad a jugadores nacionales, salvo si son sus familiares, hijos de jugadores consolidados o que tengan sus familiares una economía suficiente para pagar por debutar en la máxima categoría. Peor aún, se observa un clasismo extremo, pues quien posee rasgos morenos, indígenas o negros, difícilmente son considerados, salvo excepciones; quienes son blancos o apiñonados tienen mayor posibilidad de éxito, pues para los empresarios les implican promocionales y publicidad asegurada, por ende, enormes ganancias económicas.
Asimismo, el sistema de organización de los torneos está conformado de acuerdo a los intereses empresariales: eliminación del ascenso y descenso de una categoría a otra; 7 jugadores extranjeros en la alineación de cada equipo de primera división; lo peor, crear una ideología neoliberal en los jugadores, expresada en una frase que sea ha difundido en discursos de varios políticos, “la cultura del esfuerzo”. Que no es otra cosa, que la difusión de un individualismo extremo, logrando que el jugador se culpe asimismo por no lograr sus aspiraciones futbolísticas; sin reflexionar que, si tuvieran una concepción de trabajo a favor de la colectividad y en defensa de sus derechos como gremio, obtendrían mejores resultados.
El proyecto futbolístico mexicano a favor de la colectividad es una utopía, pues para los dueños y directivos de los equipos y de la selección nacional es algo que no les interesa. Sus fines de enriquecimiento y corrupción, son mayores que la de propiciar el surgimiento de un sinnúmero de excelentes jugadores. Por ello, en el Mundial de Fútbol actual y pasados, únicamente han logrado ilusionar a la afición.
El mundial del 2026 es un ejemplo más de intereses y corrupción en general, pues algunos triunfos y goles han puesto en duda la honorabilidad y credibilidad de la FIFA. Es inconcebible e inaceptable que una petición del presidente de los EU se convierta en una orden para el presidente del organismo internacional (quitar una tarjeta roja a un jugador). A esa extrema disponibilidad la conozco como servilismo y falta de valores.
No obstante, la pasión al fútbol hace que la afición siga pendiente del Mundial. Sin embargo, en redes sociales ya es tendencia la sospecha del favoritismo de la FIFA hacia una selección de Sudamérica; de confirmarse quedaría nuevamente como una institución corrupta. Pero hay algo peor, seguiría siendo ejemplo para los propietarios de los equipos y directivos de la Federación Mexicana de Fútbol. De pena ajena o… ¿Usted qué opina?
PD
El Grupo Proyecto Cultural Ehécatl envía sus más sentidas condolencias a la familia del Catedrático emérito de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, Mtro. Leovigildo Zepeda Espinosa y articulista de la Revista Ehécatl. Esperando una pronta resignación ante tal lamentable suceso. En paz Descanse.
