
El 2 de noviembre es una fecha que nos invita a detenernos, recordar y reconocer que hay personas que, aunque ya no están físicamente con nosotros, permanecen presentes en nuestra historia, en nuestras enseñanzas y en cada uno de los recuerdos que llevamos en el corazón.
En Tlaxcala, el Día de Muertos es mucho más que una tradición. Es una expresión de nuestra identidad, de nuestras raíces y de ese sentido de comunidad que se transmite de generación en generación. Los altares, las flores de cempasúchil, las veladoras, el papel picado y los alimentos que colocamos en nuestras ofrendas representan el cariño y el respeto hacia quienes dejaron una huella en nuestras vidas.
En nuestras comunidades y barrios de Tlaxcala capital, estas fechas tienen un significado especial. Las familias se reúnen, preparan sus ofrendas, visitan los panteones y comparten historias de quienes formaron parte de sus hogares. Son momentos que nos recuerdan de dónde venimos y la importancia de conservar aquello que nos da identidad.
Estoy convencido de que una ciudad no solamente se construye con obras y servicios; también se construye cuidando su historia, respetando sus tradiciones y fortaleciendo los valores que unen a sus habitantes.
Por eso, cuando hablamos de transformar Tlaxcala capital, debemos hacerlo sin perder de vista nuestra identidad. En este camino de cercanía con las 11 comunidades y las 7 delegaciones de nuestra capital, es importante escuchar a las personas mayores, conocer las historias de nuestros barrios y reconocer las tradiciones que cada localidad conserva con orgullo. En ellas se encuentra una parte fundamental de lo que somos.
Este 2 de noviembre, honremos a quienes se adelantaron en el camino, abracemos a nuestras familias y mantengamos vivas las tradiciones que nos identifican como tlaxcaltecas.
Víctor Hugo Gutiérrez Morales
Ex secretario del Ayuntamiento de Tlaxcala