
Queridos lectores, en estos días las calles de la capital tlaxcalteca se mueven distinto, se arreglan, los saludos se multiplican y los actos públicos aparecen uno tras otro, con un presidente municipal que avanza a paso acelerado.
Que si quiere la candidatura para suceder a Lorena Cuéllar en 2027, que si su trabajo obedece a miras más altas que la simple administración municipal, que si solo está cumpliendo con su deber. Las versiones sobre Alfonso Sánchez García corren.
Lo innegable es su presencia. Obras en bulevares, bacheo constante, convivencias con la clase política y con los ciudadanos de a pie, entrega de carritos artesanales, el alcalde está en todos lados y la capital lo refleja: hay movimiento, hay obra.
“Será el sereno”, dirían las abuelas cuando algo no termina de cuadrar del todo, pero Tlaxcala no está detenida. En un cierre de año donde otros municipios optan por el bajo perfil, aquí el ritmo no baja y la agenda se mantiene llena.
Cumplir con la función para la que fue electo no debería generar sospecha, gobernar, gestionar y estar cerca de la gente es obligación, no cortesía, sin embargo, el contexto pesa, porque cuando el calendario político empieza a marcar el 2027, cada paso se convierte en señal.
Alfonso Sánchez García lo sabe y actúa en consecuencia, se muestra, construye presencia. Está en la calle, en el evento, en el saludo directo, nada de esto es casual.
Así que no lo dude, señora, señor lector su nombre seguirá sonando en 2026 y mucho más fuerte en 2027.