En las últimas semanas hemos sido testigos de una disputa que supone dos cosas; por una parte, se reaviva la construcción del mito de Juárez sobre su origen y cómo, pese a las adversidades, se abre paso y llega a la presidencia de México, en el momento más difícil en la historia nacional.
Por otra parte, ello supone una disputa ideológica que tiene como base sustancial tres elementos que pasan por las diferencias de clase, la cuestión étnica y desentrañar la paternidad del poder, con esto último nos referimos a esa lucha étnica en la historia nacional y la división étnica y de clase en México.
Para esclarecer lo anterior, habría que puntualizar tres cosas:
1. Situación del país al momento más álgido de la restauración de la República y las prioridades de las fuerzas políticas.
2. El momento fundamental que vivimos en este momento y el esclarecimiento de esa disputa por México.
3. Elementos fundamentales en la construcción del mito que nos tiene en vilo actualmente.
Primero. Con la caída del Segundo Imperio, el liberalismo triunfante se aboca esencialmente a la reconstrucción del país; entre las grandes tareas que asumieron los liberales triunfantes están, primero, lograr el control del territorio basado en la multiplicación de la población y, en segundo lugar, la redistribución de la tierra, teniendo como base el deslinde, la desamortización y el fraccionamiento de los latifundios.
Aunque se difundió una ética basada en el bien, realmente los liberales de la restauración difundieron una idea de homogeneización, de difundir la mestizofilia como mecanismo de mantener el control territorial, además de construir una identidad amplia de lo mexicano, como fue el discurso de Justo Sierra.
Los liberales de 1867, además de difundir la idea de lo mexicano, tenían una fe religiosa en la modernización basada en los ferrocarriles, los empréstitos, plantaciones agrícolas y la diseminación de fábricas en diversas regiones del país.
Hacia finales del siglo XIX, con la consolidación del régimen porfirista, se sientan las bases del nacionalismo mexicano y se comienzan a definir sus elementos constitutivos, todo ello teniendo como base esencial la magnánima obra de 10 tomos de México a través de los siglos; donde se hace una síntesis del devenir de México, desde sus orígenes hasta el régimen de Díaz.
En esta obra, Juárez alcanza la estatura de héroe, prócer y trasciende su tiempo; a finales del porfiriato se comenzó a darle forma a un estilo muy particular de vernos en el pasado y definirnos como nación. Por una parte, reconocemos sistemáticamente como herederos de una civilización indígena, pero también con una fuerte tradición católica y europea. Teniendo como corolario el advenimiento de la modernidad, como síntesis necesaria para la humanidad.
Por otra parte, también a nuestro nacionalismo le dieron forma los científicos, quienes vieron en el pasado colonial una etapa profundamente teológica y sacra.
Posteriormente y a raíz de un proceso de independencia esquivo, sobreviene, lo que muchos historiadores del siglo XX definieron como anárquico, una indefinición política, enmarcada por una lucha intestina y que las consecuencias fueron funestas.
Finalmente, coinciden la llegada de un liberalismo que tenía como fin el arribo de un Estado impulsor de la modernidad y un sustento ideológico que sentara las bases de un país perfectamente definido y que contara con elementos tangibles, como los mitos, tradiciones y rituales, ocupando Juárez un lugar especial e inamovible.
Un ejemplo de lo anterior lo vemos cuando Francisco Bulnes, destacado político e intelectual porfirista, perteneciente al grupo de los “científicos”, da a conocer su obra El verdadero Juárez, obra crítica hacia la figura política de Benito Juárez; las reacciones no se hicieron esperar, asumiendo una defensa a ultranza del héroe y que la historiadora María Luna Argudín resume de la siguiente forma: “La respuesta inmediata surgió en la prensa, y la indignación pronto estalló en el Congreso de la Unión, a raíz de la publicación de El verdadero Juárez (1906), afirmó que su autor era enemigo de la Constitución y de la nación mexicana, discursos que alabaron al estadista y censuraron la ignorancia del diputado Bulnes en materia histórica, incluso hubo insultos —alguien le llamó “canalla”. El diputado Benito Juárez, hijo del prócer, promovió una junta de consulta para definir la actitud que el cuerpo legislativo debería asumir y el también diputado Manuel Dublán solicitó que se impidiera a Bulnes el ingreso a la siguiente legislatura. El historiador respondió con una carta al director de El Tiempo, Victoriano Agüeros, en la que anunció su determinación de expatriarse a Estados Unidos y llevar como refugiado el título de haber sido expulsado de la Cámara de Diputados mexicana por cometer el crimen de escribir un libro en que negaba la divinidad de un hombre.”
El culto a Juárez continuó al concluir la Revolución Mexicana y se afinó una historia oficial, donde el misticismo y el culto a los próceres adquirió características nuevas y se elevaban a un culto incuestionable.
Los gobiernos priistas le imprimieron un énfasis a dos aspectos: el origen indígena y, por supuesto, humilde, ello como garantía moral y ética en los gobernantes. Las formas religiosas en que construyeron el culto a Benito Juárez.
Actualmente, dentro del discurso de políticos, se reaviva los aspectos que le dieron forma al nacionalismo mexicano del siglo XX, que tienen que ver con la aceptación de un electorado que adquiere una relevancia menospreciada a partir de finales del siglo XX.
Asimismo, resulta necesario destacar que se reconoce la grave situación que atraviesa el país y la pertinencia de abordar problemas sustanciales y que requieren resolverse de manera urgente. Lamentablemente se recurre a la retórica y a un discurso que provoque en el electorado sentimientos de identidad huecos.
Ahora que nos encontramos en la antesala de la elección presidencial y lastimosamente vemos cómo se hace énfasis en el origen indígena y en la humildad como garantes para ser un buen presidente; es realmente vergonzoso que de la manera más condenable pretendan hacernos creer que esas cualidades son suficientes. La pregunta es entonces ¿Para qué queremos la historia? En nosotros está conocer nuestro pasado y reconstruir el basurero que tenemos.
RECOMENDACIONES MARIO GABINO CHAVEZ
Desde el principio de los tiempos las diferentes sociedades se han preocupado por la salud y el bienestar de sus miembros. El jefe del clan, de la tribu o el líder del grupo, en un principio, pasando por emires, reyes, gobernadores o presidentes, han velado por esas dos condiciones para el buen desarrollo de la sociedad.
El cuidado sanitario de la comunidad, grupo, tribu o pueblo se basaba, principalmente, en su carácter mágico místico; daban la responsabilidad a los dioses, a los espíritus y la consecuencia del proceder de los humanos era un castigo divino. La corrección de los manejos inadecuados, inapropiados o desafortunados era mediante sacrificios corporales, sanguíneos y otras prácticas para nosotros inhumanas y extrañas.
Las dolencias corporales eran resueltas mediante el uso de lo que naturaleza les proveía: hojas, flores, cortezas, tubérculos y desechos animales. En ocasiones las mezclas eran insufribles, aunque muy benéficas para el paciente.
Mucho de esa sabiduría dio origen a la farmacología mediante el uso de la química y la nada despreciable industria farmacéutica de nuestros tiempos. Todo esto tiene como resultado que algunos males mantengan como rehenes a los pacientes enriqueciendo a los insaciables magnates de la industria y el comercio.
En estos días la medicina se vea amenazada por la IA, los altos costos farmacológicos, la resistencia bacteriana y el surgimiento de nuevos y “mejores” drogas que sin duda nos muestran que desde un tiempo ya, la vuelta a la medicina tradicional, a la herbolaria; la medicina alternativa, como también se conoce, es una realidad de la sociedad mundial.
Con este preámbulo, vamos a recomendar algunas ideas relacionadas con la salud, tema que debiera interesarnos a todos y que es necesario atender.
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