En un movimiento que va claramente a contracorriente de las tendencias nacionales e internacionales, diversos grupos en Tlaxcala han comenzado a movilizarse para defender las corridas de toros, argumentando su valor como "tradición cultural" en un momento en que 7 de cada 10 mexicanos las rechaza por considerarlas prácticas crueles.
El Congreso local ha tomado una postura firme: no legislará a favor de corridas de toros "sin violencia", como ya ocurrió en la Ciudad de México. Tanto la diputada priista Sandra Aguilar Vega como el presidente de la Junta de Coordinación y Concertación Política, Ever Alejandro Campech Avelar, han declarado que Tlaxcala posee "una cultura y costumbres distintas a la de otras entidades federativas", justificando así su negativa.
También el Partido Acción Nacional (PAN) en Tlaxcala se ha posicionado como uno de los principales defensores de la tauromaquia e incluso convocó a una marcha para el 5 de abril.
Este posicionamiento de los grupos conservadores tlaxcaltecas representa un desafío abierto al sentir mayoritario de la población mexicana.
Según una encuesta realizada por Enkoll para EL PAÍS y W Radio, el 72% de los mexicanos se opone a las corridas de toros, un rechazo que alcanza el 82% entre personas de 25 a 34 años y que se mantiene en un 62% incluso entre la población mayor de 65 años.
La defensa tlaxcalteca de la tauromaquia no solo va a contracorriente de la tendencia nacional, sino también de un movimiento internacional que ha llevado a la prohibición o limitación de estas prácticas en países como Cataluña (aunque luego revertida por el Tribunal Constitucional español), varias regiones de Francia, y múltiples localidades de América Latina.
"Lo que vemos en Tlaxcala es un intento desesperado por mantener viva una práctica que la sociedad moderna ya no tolera. El argumento cultural no puede ser una excusa para perpetuar la crueldad", comentó un representante de colectivos animalistas, quien prefirió no ser identificado.
Es así como mientras la Ciudad de México da pasos decididos hacia formas de entretenimiento libres de crueldad animal, con el respaldo mayoritario de la población, Tlaxcala se posiciona como un reducto de resistencia conservadora, con su Congreso declarando abiertamente que no seguirá esta tendencia bajo el argumento de su excepcionalidad cultural.
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