
Hay políticos que caminan el territorio y hay otros que parecen querer desgastar la suela a fuerza de pisar la calle, Alfonso Sánchez García, dicen, ya va por la media suela.
El alcalde de la capital tlaxcalteca ha decidido gobernar con botas puestas. Entre semana se le ve lejos del escritorio, metido en macrofaenas, eventos, audiencias públicas y en ese ritual político que en México siempre genera debate, el gobernante que ensucia las manos para mandar el mensaje de cercanía.
Brocha en mano, podadora al hombro o bacheadora de frente, el arquitecto de profesión apuesta por la narrativa del funcionario que no se esconde detrás del escritorio.
Para unos, esto es espectáculo, para otros, es carácter, ahí está el primer dilema de su figura, ¿estamos frente a un político de imagen o ante uno que cree de verdad en el contacto directo con la gente? Quienes lo conocen hablan de un perfil inquieto, hiperactivo, de esos que no saben quedarse quietos.
Los fines de semana, lejos de bajar el ritmo, parece acelerar. Subiendo y bajando por el estado, de San Pablo del Monte a Tlaxco, de Españita a Ixtenco, construir presencia antes de que lleguen las definiciones en el guinda.
Tampoco se puede ignorar que su carrera se mueve entre dos corrientes: la herencia política de un apellido con peso en Tlaxcala y la construcción de un proyecto propio que busca ganar en el 2027.
Mientras las encuestas aún tiemblan entre indecisos y voto oculto, el alcalde sabe que primero hay que estar en la conversación y luego, en la boleta.
Al tiempo.
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