
Los magistrados del Poder Judicial de Tlaxcala, se quejan entre sus allegados de la presión que están recibiendo para asistir y por otro lado organizar eventos partidistas.
Trascendió que la presión viene por parte de funcionarios de primer nivel del gobierno del estado y del partido Morena, pero olvidan los magistrados que ellos mismos fueron los beneficiarios de la intervención de ese mismo partido y de esos mismos funcionarios, para llegar a los cargos que hoy ostentan.
Es un caso de "no me acuerdo de la soga en casa del ahorcado". Los magistrados parecen olvidar que su nombramiento fue posible gracias al apoyo del partido que ahora critican. ¿Acaso no fueron ellos mismos quienes se beneficiaron de la "ayuda" de Morena para llegar a sus puestos? Por eso ahora, se ven obligados a cumplir con lo que se les ordene desde otro poder.
Pero la cosa no termina ahí. Dicen sus allegados que los magistrados también se quejan de que se les presiona para realizar eventos políticos y promover al partido. ¿Y qué hay de la presión que ellos mismos ejercen sobre sus subalternos para que organicen eventos políticos? ¿No es eso acaso una forma de coacción y abuso de poder? Una sopa de su propio chocolate.
Lo que más llama la atención es la falta de autocrítica de los magistrados. En lugar de reconocer su propia responsabilidad en la situación, prefieren culpar a otros, de que son obligados a asistir a los eventos públicos con toque político. ¿No es hora de que asuman su papel en este juego de intereses políticos y dejen de hacer el ridículo?
La justicia en Tlaxcala no necesita de magistrados que se quejen de la presión política, sino de funcionarios que trabajen para impartir justicia de manera imparcial y eficiente. Es hora de que los magistrados se pongan a trabajar y dejen de hacer política.
Mientras tanto, el personal del Tribunal Superior de Justicia sigue sufriendo las consecuencias de la politización de la justicia. En lugar de atender los cientos de casos que deben resolverse, se ven obligados a participar en eventos políticos y a promover al partido en el poder.
Es un círculo vicioso que debe romperse. Los magistrados deben dejar de ser actores políticos y volver a ser jueces imparciales. La justicia en Tlaxcala lo exige.
La hipocresía de los magistrados del Poder Judicial de Tlaxcala no tiene límites.
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