
El 4.º Informe de Gobierno de Lorena Cuéllar Cisneros, desde la llamada Ciudad de la Cultura y el Entretenimiento, pareció una alfombra roja donde el brillo dependía del cargo o de la cercanía con la mandataria.
Desfilaron diputados, ex gobernadores, secretarios, empresarios, presidentes municipales, y hasta el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta Mier, además de Josefina Rodríguez Zamora, quien acudió en representación de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.
Una constelación política acomodada en primera fila para escuchar logros, aplaudir promesas y medir fuerzas rumbo a lo que viene.
Pero entre ese grupo, Alfonso Sánchez García, el alcalde capitalino, no pasó desapercibido. No tanto por ser uno de los 60 presidentes municipales convocados, sino porque estaba ahí también como quien observa su propio reflejo en el escenario.
Después de todo, antes de despachar desde palacio municipal, fue una de las piezas clave en el gabinete lorenista.
Hay que recordar que cuando encabezó la Secretaría de Infraestructura del estado, el arquitecto de profesión aportó cimientos a varias de las 6,203 obras que Cuéllar presume en su administración.
Ahí quedaron proyectos como el Centro de Justicia para las Mujeres de Tlaxcala, que da acompañamiento a víctimas de violencia; la renovación de espacios en el CERESO; y la construcción del C5, un complejo de monitoreo que se vende como la gran muralla digital contra el delito.
Hoy, desde otra trinchera, la del gobierno municipal, Sánchez García continúa levantando obra pública, aunque ya no bajo la sombra directa del Ejecutivo estatal.
Y aun así, algo en su mirada durante el informe lo delataba, esa atención de quien escucha números, proyectos, aplausos y hace sus propias cuentas.
Porque en la narrativa de Cuéllar, el alcalde no solo vio pasado, tal vez vio futuro donde él no sea solo espectador en la primera fila, sino protagonista en el escenario central.
Al final, mientras la gobernadora enumeraba obras, el arquitecto imaginaba otra construcción, la de su propio camino hacia 2027, recordando que todo empieza con un plano y con la ambición de levantar algo más grande.
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