
Hay políticos que todavía no entienden que la contienda terminó para ellos aunque sigan gritando que van ganando.
En Tlaxcala, ese caso tiene nombre y apellido: Ana Lilia Rivera Rivera, quien insiste en presentarse como protagonista cuando la película ya cambió de elenco y el público perdió interés.
Se dice a voces lo que ella no quiere admitir, su aspiración para 2027 está desahuciada. La senadora morenista se quedó sin gasolina, sin aliados, y lo más grave, sin audiencia.
Ahora lo que hace es colgarse de causas ajenas, intentar apropiarse de agendas que no construyó, y fingir que aún hay posibilidades cuando ya nadie está dispuesto a apostar un centavo por ella.
Ningún liderazgo fuerte la acompaña. Diputados locales, secretarios estatales, presidentes municipales y operadores del partido están abandonando su barco, pero no en silencio, se están alineando abiertamente con su rival político.
Y eso, para cualquier aspirante serio, debería ser una alarma que retumba, pero Rivera prefiere mirar hacia otra parte, fingiendo que sus giras interminables por los 60 municipios significan fuerza territorial y no pura desesperación.
Lo más lamentable es la excusa que usa para justificarlas, vincularlas con los acontecimientos en Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro por Estados Unidos. Meter la política internacional para ocultar su realidad local es manotazo en el vacío.
¡Ana Lilia desperdició su tiempo, quemó sus puentes y no construyó nuevos!
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