
El nombramiento de Ricardo Peralta Saucedo como titular de Casa Tlaxcala en la Ciudad de México desató una ola de cuestionamientos por una doble controversia, ya que se trata de una persona ajena al estado, sin conocimiento de su dinámica cultural y, además, cuyo pasado está marcado por señalamientos graves de vínculos con el narcotráfico y corrupción en aduanas.
Y es que Peralta no responde a los criterios de arraigo ni identidad tlaxcalteca que debería primar en un cargo de esta naturaleza, toda vez que la representación de Casa Tlaxcala no es un puesto burocrático solamemte, se trata del espacio promotor de la entidad, la embajada de sus costumbres, tradiciones y actividades en la capital del país para promover la cultura y los intereses de los tlaxcaltecas.
La pregunta que salta de primera instancia es: ¿Qué sabe del Carnaval, de la barbacoa de mixiote o del pulque tlaxcalteca alguien que ni siquiera es de aquí?
Además en el pasado de Peralta figura que fue Administrador General de Aduanas en el SAT, donde múltiples denuncias lo vincularon a presuntos actos de corrupción, tráfico de influencias, facilitación de contrabando y huachicoleo. Incluso se recuerda el hecho de que la periodista Denise Maerker lo señaló por presuntos tratos con cárteles.
Posteriormente fue subsecretario de Gobierno en la Secretaría de Gobernación bajo Olga Sánchez Cordero, de donde fue separado, según reportes periodísticos, por orden presidencial, tras acusaciones de vínculos con el crimen organizado.
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