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Visita de Sheinbaum a Huamantla coloca a Ana Lilia Rivera en el fondo de la escena política

Una fotografía vale más que mil palabras, dice el adagio, y en política una imagen puede confirmar lo que los pasillos llevan semanas murmurando
Mar. 14 de abr., 2026. 03:33 PM
Redacción
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Visita de Sheinbaum a Huamantla coloca a Ana Lilia Rivera en el fondo de la escena política

La reciente visita de la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum, al municipio de Huamantla, Tlaxcala, dejó una estampa que no pasó desapercibida entre los observadores políticos de la entidad: la senadora Ana Lilia Rivera, quien figura en las encuestas como una de las cartas favoritas de Morena para la candidatura al gobierno del estado, apareció ubicada en los lugares posteriores del evento, lejos del primer plano donde se concentraron otros personajes políticos de menor perfil nacional pero mayor cercanía con la jefa del Ejecutivo federal en ese momento.

En primera fila, visibles y estratégicamente posicionados, se encontraban figuras locales, incluido el propio presidente municipal de Huamantla, mientras que la legisladora federal quedó relegada al fondo de la escena. En política, como en protocolo, la forma es fondo: el lugar que ocupa un personaje en una imagen oficial no es casualidad, sino una lectura de su posición real dentro de la estructura de poder.

La fotografía avivó una discusión que ya circulaba en los círculos políticos tlaxcaltecas: ¿sigue siendo Ana Lilia Rivera la preferida del centro para encabezar la candidatura de Morena en Tlaxcala, o el apoyo que se le atribuía comienza a enfriarse?

El episodio cobra mayor relevancia si se considera el antecedente inmediato que dañó la imagen pública de la senadora: un desliz verbal que rápidamente se viralizó, en el que tildó de estúpidos a quienes le preguntaban sobre su trabajo o cuestionaban su desempeño legislativo. La reacción, captada y difundida ampliamente, reveló no solo una falta de manejo de la comunicación política, sino una actitud que contrasta con el perfil de apertura ciudadana que exige el momento electoral. En lugar de aprovechar el cuestionamiento para exhibir logros y construir narrativa, la senadora descalificó a quienes buscaban conocer su labor, lo que generó un efecto adverso difícil de revertir en el corto plazo.

Ambos episodios, el resbalón verbal y la ubicación en el evento con la presidenta, alimentan una misma lectura: la senadora Rivera enfrenta un momento de desgaste en su relación con la dirigencia nacional y con el electorado tlaxcalteca, justo cuando el proceso interno de Morena para definir su candidatura comienza a tomar temperatura.

¡Al tiempo!

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