
Hay declaraciones que parecen inocentes, pero llevan destinatario
Y la reciente rueda de prensa del diputado Raymundo Vázquez Conchas bien podría ser una de ellas.
El legislador, a quien se ha identificado como cercano o aliado político de Ana Lilia Rivera, habló de libertad de expresión y defendió la apertura de los espacios para que todos puedan manifestarse, como en su conferencia de prensa.
El discurso, en principio, suena impecable, pero el diablo siempre está en los detalles.
Apenas unos días antes, una reportera cuestionó públicamente a Ana Lilia Rivera por un presunto bloqueo informativo, luego de formularle preguntas incómodas. El señalamiento abrió un debate inevitable sobre la tolerancia al cuestionamiento periodístico y el derecho de la prensa a preguntar, incluso cuando las respuestas no sean cómodas.
Por eso resulta llamativo que Vázquez Conchas haya puesto sobre la mesa, precisamente ahora, el valor de la libre expresión. ¿Fue una defensa general de la libertad de prensa o una manera cuidadosamente calculada de marcar distancia?
Si el diputado realmente es uno de los aliados de Rivera, como se dice, ¿qué sentido tiene lanzar una pedrada que, aunque indirecta, puede terminar golpeando a la propia senadora?
La pregunta entonces queda flotando: ¿esta reciente y tibia postura de respaldo hacia Ana Lilia Rivera fue solamente un petardo para intentar levantar la popularidad de un proyecto que parece perder fuerza, o estamos ante el primer movimiento de una puñalada trapera?
Una cosa es defender la libertad de expresión y otra muy distinta es hacerlo justo cuando esa libertad empieza a incomodar a los propios aliados.
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